Puntos de anclaje

Seamos buenos recuerdos
para quienes nos importan,
semillas que se abren
cuando ya no estemos.

Hay que manifestarnos
en risas compartidas,
en frases que no sabíamos eternas,
en un gesto, una mirada,
un silencio que abraza
cuando ya no hay voz.

El duelo es una cuesta,
maldita y hermosa.
No se aplana,
pero se puede subir.
Y para eso sirven
los puntos de anclaje:
esas huellas que dejamos
sin saberlo,
sin imaginar para qué.

Sembremos recuerdos:
no por nostalgia,
sino por amor.
Por quienes un día,
al subir su propia cuesta,
nos encuentren esperándolos
en forma de canción,
de chiste,
de consejo o
de abrazo.

Y sientan que aún caminamos con ellos,
aunque ya no estemos.

Deja un comentario