El amor siempre hace musica

Amar en silencio es un mito,
una ilusión que se disuelve
en el primer latido que sientes
cuando alguien te mira de verdad.
Porque el amor siempre hace música,
aunque no la escuches,
aunque el mundo siga su ruido
y parezca que no hay sonido alguno.

Es imposible que el amor no cante,
incluso cuando intentas guardarlo,
cuando lo encierras en palabras no dichas,
en miradas que esquivan,
en gestos que nunca terminan de ser.
Porque el amor,
como el viento en las hojas,
como la lluvia sobre el cristal,
siempre encuentra una forma de hacerse escuchar.

Amar en silencio sería como detener el mar,
como pedirle al río que no corra,
como intentar que el fuego no queme.
El amor tiene su propia música,
a veces suave,
a veces tan fuerte
que rompe el silencio en mil pedazos
y lo llena de melodías
que solo dos corazones pueden entender.

Es en el roce de las manos,
en los susurros que no necesitan palabras,
en el ritmo compartido de dos respiraciones
donde el amor se convierte en canción,
en una sinfonía que nunca cesa,
porque cuando amas,
el silencio es solo la pausa entre notas.

Amar es imposible sin música,
porque hasta el silencio más profundo
resuena con el eco de lo que sientes,
con la armonía de un latido
que no sabe callar,
que no puede evitar sonar,
y que transforma cada momento
en un concierto
donde el único público es el alma.

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